La casa del camino
Hay casas que guardan secretos. La nuestra tiene, por lo menos, dos: una piedra tallada encima de una puerta, con letras que todavía no sabemos leer del todo, y una pequeña habitación junto al soportal a la que llaman el cuarto del peregrino. Tirando de esos dos hilos, hemos descubierto que nuestra casa siempre ha sido, de alguna manera, una casa del camino.
El camino que pasaba por la puerta
Casa Ananta está en el barrio de Cohiño, en Mazcuerras. Hoy es un rincón tranquilo, pero durante siglos por aquí pasaba gente de camino.
Por Mazcuerras cruzaba una ruta muy antigua, la de los Foramontanos, y más tarde el Camino Real, que unía estos valles con el resto del mundo. En el pueblo, el camino se partía en dos, y uno de sus ramales seguía hacia Villanueva de la Peña pasando por la iglesia de San Martín y por el barrio de Cohiño, para enlazar con los caminos de la costa.
Así que, durante mucho tiempo, viajeros, arrieros y peregrinos pasaron por delante de nuestra puerta.
El cuarto del peregrino
En las casas que estaban junto a los caminos había una costumbre muy bonita: dar cobijo a quien llegaba de paso, sobre todo a los peregrinos y a los viajeros que no tenían dónde dormir. Para ellos se guardaba una habitación sencilla, en la planta baja, con entrada propia desde el soportal, para que el huésped pudiera descansar sin entrar en la vida de la familia.
Nuestra casa tiene ese cuarto. La primera vez que entramos en él, sentimos algo difícil de explicar: no era como entrar en una habitación vacía, sino en una habitación ya habitada.
La piedra que todavía no sabemos leer
Encima de una de las puertas hay una piedra tallada a mano. En el centro tiene una cruz dentro de un círculo con forma de cuerda, y a los lados, dos figuras que parecen torres. Alrededor hay letras, muy gastadas por el tiempo.
De momento hemos podido leer algunas palabras sueltas: un apellido, Laredo; las palabras «año de»; lo que parece el principio de un nombre, «Jos…»; y un año que empieza por 17. Seguramente cuenta quién mandó construir la casa y cuándo, como otras casonas del pueblo.
Las letras que faltan se nos resisten. Pero no tenemos prisa: en cuanto consigamos leerla entera, os lo contaremos en Instagram.
Y esa cruz no está sola. En lo alto del pilar de piedra de la esquina, bajo el alero, hay tres círculos tallados en fila: en el centro, la misma cruz, y a cada lado, una roseta de seis pétalos. Es un símbolo muy antiguo, que se ve en muchas casonas de Cantabria y que se suele relacionar con el sol y con la protección de la casa. No sabemos qué quiso decir quien la talló, pero nos gusta pensar que lleva siglos cuidando de quienes viven bajo su techo.
Volver a abrir la puerta
Hace más de doscientos años, esta casa ya recibía a quien venía de camino. Nos emociona pensar que, con Casa Ananta, vuelve a hacer lo mismo: abrir la puerta a quien llega cansado, darle un sitio donde descansar y dejar que siga su camino un poco más ligero.
Jose y Vanessa