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El bosque de secuoyas

A un cuarto de hora de casa hay un sitio que, la primera vez, cuesta creer que esté en Cantabria. Vas por un camino entre prados y, de repente, estás rodeado de troncos rojizos tan altos que tienes que echar la cabeza hacia atrás para ver dónde acaban. Es el bosque de secuoyas del Monte Cabezón.

Troncos rojizos de secuoyas con la luz colándose entre ellos
Las secuoyas del Monte Cabezón. Foto: serdio, CC BY 3.0.

Un bosque que nació de un experimento

En los años cuarenta, España necesitaba madera y casi no podía comprarla fuera. Así que se probó a plantar árboles que crecieran deprisa y vivieran mucho, y en este monte se plantaron secuoyas rojas, unos árboles que vienen de la costa de California.

La idea era cortarlas algún día y aprovechar su madera. Pero cuando por fin crecieron, los tiempos habían cambiado y ya no hacía falta. Nadie las taló, y aquí siguen.

Si os fijáis, veréis que están plantadas en filas, casi en línea recta. No es un bosque salvaje: es un bosque que alguien sembró pensando en otra cosa y que, con los años, se ha convertido en algo mucho más bonito. En 2003 se declaró Monumento Natural.

Pasear entre gigantes

Son unas 850 secuoyas en un espacio pequeño, de unas dos hectáreas y media. Muchas pasan de los treinta metros, y algunos troncos son tan gruesos que hacen falta tres personas para rodearlos con los brazos.

Mirando hacia arriba entre los troncos de las secuoyas, hasta sus copas
Mirando hacia arriba. Foto: Rodelar, CC BY-SA 4.0.

El paseo es un camino circular de unos dos kilómetros, llano y fácil. El primer tramo es una pasarela de madera por la que se puede ir con un carrito o con una silla de ruedas. Andando sin prisa, se tarda alrededor de una hora, y merece la pena pararse de vez en cuando, mirar hacia arriba y escuchar el silencio. En primavera y en otoño, con la luz colándose entre los troncos, está especialmente bonito.

La pasarela de madera del primer tramo del paseo
La pasarela de madera del primer tramo. Foto: Bauglir, CC BY-SA 4.0.

Para cuidarlas

Cada vez viene más gente a ver las secuoyas, y el bosque lo nota. Su corteza es gruesa y esponjosa, y es lo que las protege. Por eso el Ayuntamiento de Cabezón pide que no se abracen ni se arranquen trozos de corteza, y que se vaya siempre por el camino, para no pisar las raíces. Es poco pedir a cambio de un sitio así.

Antes de ir

El bosque está en la carretera que va de Cabezón de la Sal a Comillas. De momento, la entrada es libre y gratuita, a cualquier hora, aunque se lleva tiempo hablando de pedir cita en los meses de más visitas, así que conviene mirarlo antes de ir. El aparcamiento es pequeño y en verano y los fines de semana se llena pronto: lo mejor es ir a primera hora de la mañana, que además es cuando el bosque está más tranquilo.

Si vais un sábado, podéis juntarlo con el mercado de Cabezón, que se pone por la mañana en las calles del centro. Y a la vuelta, en un cuarto de hora, estáis en casa.

Jose y Vanessa

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